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Foto Mario Valencia

Un nuevo consenso económico

Mario Alejandro Valencia

El consenso económico actual de Colombia está orientado a defender el consumo y la ilusión de abrir oportunidades de comercio exterior. Pero nuestra internacionalización tiene poco qué ofrecer. 

Asistimos a la fiesta de la globalización sin carruaje, vestido, zapatillas, hada ni dinero, mientras los socios llegan con un fastuoso ajuar. En realidad, es más un proceso de aislamiento que de inserción, que niega el aspecto central del capitalismo: el trabajo. ¡Es un modelo de consumo sin ingresos!

Así las cosas, el sector que más participación ha perdido en la oferta total es la industria, con casi ocho puntos porcentuales en doce años. Es grave, porque sin ella no es posible crear eslabones que encadenen otros sectores. Sin la transformación manufacturera, la agricultura y la minería son solo materias primas y bienes de consumo básico; y los servicios, intermediarios de reventa comercial. Para darle valor agregado y crear abundantes puestos de trabajo, generando crecimiento sostenido, se requiere articular sectores y asimilar avances tecnológicos.

La política económica de Inglaterra, Francia y Alemania después de la Segunda Guerra Mundial tuvo el propósito de cerrar la brecha tecnológica frente a EE. UU. El instrumento fue crear actividades con trabajos de alta destreza. En China, las empresas estatales son incubadoras, no organizadoras de ferias de espíritu emprendedor. En Brasil, se apoyan operaciones estratégicas desde un banco de fomento público. El gran desarrollador de tecnología en EE. UU. es una agencia federal llamada DARPA. Estos ejemplos no son casuísticos, son la norma. Se necesita una verdadera asociación de beneficio recíproco entre los intereses públicos con los privados; que son diferentes, pero no excluyentes.

Es cierto que la función del Estado no es crear riqueza, pero sin la rectoría de este el mercado tampoco puede hacerlo. Las instituciones de la llamada sociedad civil han demostrado ser cada vez más poderosas, por lo que es deseable, en aras del bienestar, alcanzar nuevos consensos. Asimismo, una agenda de integración latinoamericana beneficiaría la diversificación productiva vía complementariedad, más aún cuando soplan fuertes vientos de recesión. Los retos que se suman son hacerlo con equidad y en perspectiva de cero emisiones.

Por último, es importante siempre recordar que ningún país industrializado vende más mercancías por fuera de sus fronteras que adentro. China, el mayor exportador del mundo, vende en su mercado interno el 81 % de su producción; Estados Unidos, la economía más grande, el 92,4 %, y Alemania, el país industrializado que más participa en exportaciones sobre su producción, el 61,3 %. La mejor forma de participar en el ámbito internacional es fortalecerse en el local.

Un nuevo consenso económico no debe desconocer la importancia del comercio, pero sí incluir prioritariamente la producción. Se deben aprovechar los nuevos factores actuales con que cuenta el gobierno del presidente Petro: la voluntad política y el apoyo social.

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