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La transición energética es la industrialización

Mario Alejandro Valencia

Colombia siempre ha observado desde la estación como otras naciones se suben al tren del progreso. Factores culturales, políticos y sociales nos han impedido construir un sistema económico de vanguardia en la producción, la ciencia y el empleo.

Las bonanzas petroleras, cafeteras y otras fueron insuficientes para desarrollar a Colombia, aunque sí permitieron ciertos focos de modernidad, el surgimiento de fábricas, cultivos y servicios de importancia, pero acompañados de una profunda desigualdad. No obstante, la estructura económica actual depende más de la renta que de la transformación, y más del rebusque de ingresos que del aprovechamiento de la inteligencia del trabajo humano.

Sin embargo, el proceso actual de transición energética, que está tomando fuerza a escala global, podría ser la oportunidad dorada para que el país se suba al tren del progreso. Para Colombia, además del compromiso ambiental, es también una necesidad económica y social. Así no seamos grandes aportantes a la contaminación global, el extractivismo sin creación de valor agregado ha provocado profundas crisis macroeconómicas e inestabilidad social; también es un obstáculo a un verdadero desarrollo empresarial, por fenómenos como la “enfermedad holandesa”. Si no se reduce la dependencia a esta actividad, el déficit externo seguirá impidiendo el surgimiento de fuentes de creación de riqueza y de reducción de la pobreza por la vía del empleo.

El camino de la transición no debe ser acabar la minería, como se malinterpreta, sino comprender que la única forma de estar en el tren es mejorar el aprovechamiento de esa riqueza del subsuelo para construir sobre el suelo, como plantea Stiglitz. La propuesta de fijar un impuesto a las exportaciones de petróleo, carbón y oro es un avance. En la medida en que la creación de riqueza productiva reemplace la dependencia minera, la presión por su extracción se reducirá.

Por tal razón, la reindustrialización sostenible es el primer paso de la transición, que deberá identificar prioridades, como el transporte de carga y pasajeros, el consumo industrial y el residencial, responsables del 77 % del consumo energético nacional. Por ejemplo, los combustibles líquidos pasaron de representar el 20 % de la oferta total energética en 1975 al 40 % en 2019. Una estrategia dirigida hacia desarrollar la industria nacional automotriz de nuevas tecnologías reduciría la necesidad de estos combustibles, al tiempo que promueve un proceso de transformación capaz de crear más riqueza y empleos, debido a los encadenamientos significativos.

En esta lógica, cobra trascendencia la necesidad de revisar la política comercial, para recuperar herramientas que permitan una adecuada defensa comercial de las empresas de nuestro país.

Leer adecuadamente los retos globales de la transición energética crea una nueva oportunidad para que Colombia pueda estar en los primeros puestos de competitividad en esta materia, aprovechando su potencial de producción con bajas emisiones.

Publicado originalmente en: https://www.elespectador.com/opinion/columnistas/mario-valencia/la-transicion-energetica-es-la-industrializacion/

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