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Foto Mario Valencia

La falsa salud económica de Colombia

Mario Alejandro Valencia

La presentación del Plan Financiero de 2022, por parte del Gobierno Nacional, tiene el propósito publicitario de enviar un mensaje de tranquilidad sobre la salud de la economía, que no se compadece con la crisis social que atraviesa el país.


Se dice que Colombia es “líder en recuperación a nivel regional y mundial”, por un crecimiento económico cercano al 10 % en 2021, que será único e irrepetible porque no hay estructura productiva para sostenerlo. Además, el gobierno de Duque, experto en el arte del engaño, afirma que fue gracias a sus medidas. Es necesario recordar que la única reforma emprendida en dos años de crisis fue la del acuerdo partidista-tributario de José Manuel Restrepo, después del desastre causado por Carrasquilla. El resto de las acciones fueron tardías e insuficientes, con consecuencias humanas dramáticas en pobreza, empleo y hambre.

El crecimiento se dio principalmente gracias al consumo de los hogares, financiado mayoritariamente con rebusque, remesas y petróleo. ¿Qué tienen que ver Duque y Restrepo en esto? Nada, por supuesto. Con este escenario, el panorama que se encontrará el nuevo gobierno será sombrío y obligará a más reformas de las esperadas. Lo preocupante es que muy pocas personas y organizaciones están hablando de la necesidad de que Colombia incremente su capacidad de oferta nacional, quizás embriagados por los precios del petróleo.

La única forma de recuperar los empleos y mejorar el ingreso de la población, por ahí derecho reduciendo la presión sobre la inflación, es producir más mercancías agropecuarias e industriales. No es el comercio; explico: el comercio es un sector de intermediación entre productores y consumidores. Sus ganancias principales provienen de un sobreprecio entre el precio del fabricante y lo que está dispuesto a pagar el comprador. El problema macroeconómico más agudo de Colombia es que desde hace dos décadas ese balance es deficitario porque las ganancias de los productores y los salarios de sus trabajadores están más en el extranjero.

Como la inversión no ha sido capaz de financiar esta pérdida, la pagamos endeudándonos, lo que ha provocado que tengamos menos ingresos para gastar en crear el terreno propicio para que las empresas sean más productivas. En resumen, tenemos un déficit de dólares brutalmente alto por falta de producción y si no se produce no se genera riqueza interna.

Entre las reformas que propusieron ANIF y Fedesarrollo en este medio no hay una sola palabra sobre este problema, que cada gobierno le ha dejado a su sucesor durante 20 años. Para revertir la tendencia negativa de crecimiento de los últimos cuatro gobiernos, es inminente que el próximo lidere una alianza gremial, laboral, académica y política por la producción y el trabajo nacional. Las campañas que no aborden este tema son cómplices de la falsa salud económica.

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